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¿Qué tienen que ver el chile y el Nobel de medicina 2021?

El premio Nobel de medicina 2021 se otorgó a un largo estudio sobre los beneficios del chile para los nervios y la salud

El pasado 4 de octubre se anunció que David Julius y Ardem Patapoutian habían ganado el premio Nobel de medicina 2021 por sus descubrimientos relacionados con los receptores para la temperatura y el tacto humano.

En medio de la noticia, pasó de largo que la investigación que originó los descubrimientos del dúo de científicos se basó en el estudio del chile.

Sí, uno de los alimentos más populares en la cocina mexicana ayudó a la investigación de Julius, y de paso le dio el Nobel de medicina 2021, y a continuación te explicamos cómo lo hizo.

El chile y la temperatura

Al día se consumen millones de chiles en México, ya sea solos o como parte de una salsa, o incluso rellenos, los chiles son uno de los alimentos base de la comida nacional.

Curiosamente, uno de los expertos mundiales de las propiedades de los chiles no es mexicano. David Julius es neoyorquino y ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar los chiles.

Y se interesó por el chile no por su sabrosura, sino por las sensaciones picantes que provocan en nuestra boca.

Todo fan de una picante salsa de chile habanero sabe que, si está bien preparada, produce una sensación en la boca muy similar a cuando nos quemamos.

Justo eso fue lo que llamó la atención de David Julius, que pensó que el chile sería una forma de acercarse a estudiar los umbrales del dolor.

Por lo anterior fue que decidió centrar sus estudios en la sustancia del chile que nos provoca el picor, ni más ni menos que la capsaicina.

La capsaicina

Si eres uno de los muchos amantes de los chiles que existen en México, déjame decirte que esa sensación particular que sientes al probar una buena salsa, mezcla de irritación y picor, es provocada por la capsaicina.

El futuro ganador del premio Nobel de medicina 2021, decidió estudiar a fondo la capsaicina desde hace décadas. Y se centró en descubrir cómo funcionaba este compuesto químico.

El biomédico neoyorquino pensó que la sensación de ardor que producen los chiles era una vía fácil para identificar dónde se encontraba -y cómo funcionaba- el sensor que tenemos en las terminaciones nerviosas de la piel que responde al calor.

Y Julius tenía razón. Gracias a sus estudios de la capsaicina pudo detectar una proteína, a la que llamó el receptor TRPV1, responsable de traducir la señal de la capsaicina y transformarla en un impulso nervioso asociado con lo caliente.

En una investigación posterior, Julius estudió la sensación de frescura que provocan los chicles, y descubrió el receptor TRPM8, encargado de sentir frío.

El trabajo conjunto de Julius y Patapoutian

Mientras Julius estudiaba los chiles, Patapoutian realizaba un trabajo muy diferente, pero que resultó en conclusiones similares a las de Julius.

Patapoutian se dedicó a estudiar cómo afecta la presión -por ejemplo, la de un abrazo- a las células humanas.

En sus investigaciones logró descubrir una nueva clase de sensores que existen en nuestras células que se activan por estímulos mecánicos en la piel.

Llamó a estos receptores Piezo1 y Piezo2, y son los encargados de, en el caso del primero, sentir presión externa por tacto y, en el caso del segundo, controlar los órganos internos, como controlar la orina de nuestra vejiga.

Al comparar sus investigaciones, Julius y Patapoutian descubrieron que iban por el mismo camino, y entre los dos pudieron explicar cómo el calor, el frío y el tacto pueden afectar a nuestro sistema nervioso.

¿Cómo nos ayudará este descubrimiento?

Entender los mecanismos detrás de los impulsos nerviosos asociados con la sensación de calor tiene un potencial médico enorme.

En los años recientes, las investigaciones de Julius y Patapoutian están sirviendo de base para desarrollar tratamientos para una variedad enorme de enfermedades, incluido el dolor crónico.

No es poca cosa, no en balde se considera a Julius y Patapoutian como los responsables de encontrar “la molécula del dolor”, debido a que sus investigaciones permitieron entender cómo funciona y cómo se afectan los receptores que descubrieron al sentir dolor.

Si en verdad, en un futuro, sus descubrimientos nos permiten controlar el dolor crónico, sin duda será un paso enorme para mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Y pensar que todo esto inició con unos chiles, como los que componen la salsa del taco que te vas a merendar hoy.

Fuente: televisa.com

 

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