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Científicos de EEUU y Qatar buscarán agua bajo el desierto a vista de satélite

El 30% del agua dulce de la Tierra se ubica bajo la superficie, en acuíferos. Un equipo de investigadores de Estados Unidos y Qatar ha puesto en marcha el proyecto OASIS para localizar estas bolsas de agua escondidas en los desiertos. Con la ayuda de un radar espacial, el satélite monitorizará estas zonas con una resolución sin precedentes y también analizará la pérdida de hielo de los otros desiertos: los helados

Puede parecer una misión imposible pero un equipo de científicos estadounidenses y qataríes se ha propuesto cumplir un sueño: encontrar agua en el desierto. En concreto, quieren localizar la que se oculta en el subsuelo, en acuíferos que no podemos ver y que discurren sigilosamente bajo toneladas de granos de arena.

El nombre del proyecto no podía ser otro que OASIS y empleará un satélite para localizar desde el espacio este preciado recurso. “Este sería el primer radar espacial diseñado específicamente para detectar directamente agua subterránea en la Tierra”, explica a El Ágora Artur Chmielewski, director del estudio del proyecto OASIS en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California (Estados Unidos).

¿Cómo lograrlo? El equipo ha puesto la vista en Marte. Como recuerda el ingeniero de la NASA, la agencia espacial estadounidense y la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) ya han buscado agua subterránea en el planeta rojo. “OASIS aplicará nuestras lecciones aprendidas de Marte para buscar agua subterránea en la Tierra utilizando técnicas de radar similares”, describe Chmielewski.

Estas fuentes de agua dulce se están agotando rápidamente, sobre todo en los desiertos del norte de África y de la península arábiga debido al abastecimiento de las comunidades locales. A esta escasez se suma otro problema provocado por el calentamiento global y que afecta a los acuíferos de las regiones costeras. La pérdida de hielo de lugares como Groenlandia está aumentando peligrosamente el nivel del mar, lo que amenaza a los acuíferos de las costas.

Si el agua salada del mar, al aumentar su nivel, contamina al agua dulce, esto afectaría tanto a su potabilidad para el consumo humano como a la agricultura y a la seguridad alimentaria.

Los misterios de los desiertos helados

“OASIS es la primera misión que se dedicará a mapear acuíferos poco profundos, es decir, de 50 a 100 metros”, señala a El Ágora Essam Heggy, director del programa de Investigación del Programa de Ciencias de la Tierra del Instituto de Investigación Ambiental y Energética de Qatar (QEERI).

Según el investigador, aunque existen misiones relacionadas con los acuíferos como los satélites de GRACE y de GRACE-FO –su continuación–, ninguna cuenta con la resolución que tendrá OASIS. “Mapeará la parte superior de estos acuíferos con un tamaño de píxel de alrededor de un kilómetro, lo que proporcionará información sobre su distribución espacial y profundidad con resoluciones mucho más altas”, afirma Heggy.

Esta resolución sin precedentes le permitirá no solo encontrar agua bajo los desiertos; también se han propuesto estudiar los desiertos helados, en concreto, comprender mejor cómo el derretimiento de las capas de hielo contribuye al aumento del nivel del mar.

De esta forma, los científicos quieren estudiar la topografía bajo las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida para determinar propiedades como su grosor y las vías por las que el hielo fluye hacia el océano. Esta información ayudará a los investigadores a comprender mejor la influencia de estas masas de hielo en el aumento del nivel del mar.

“Sin duda son datos muy importantes para toda la comunidad científica. Nos informarán de la velocidad de fusión de la capa de hielo terrestre de Groenlandia y la Antártida, lo cual nos permite inferir cómo será la subida del nivel del mar”, valora a El Ágora Carolina Gabarró Prats, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC (Barcelona).

No obstante, la científica recuerda que ya hay varios radares que están “mirando” bajo el hielo, como por ejemplo el CryoSat de la ESA que se lanzó en 2010.

Una tecnología similar a la de Marte

La tecnología radar que van a utilizar los ingenieros estadounidenses y qataríes será similar a la empleada a millones de kilómetros de aquí, en el planeta rojo, concretamente por la sonda MRO de la NASA. Este satélite lleva más de 14 años en órbita y entre sus objetivos está encontrar huellas de la historia hídrica de Marte, tanto en su superficie como en el subsuelo.

“Los satélites enviados a Marte incorporan las tecnologías más novedosas. Además, las necesarias miniaturizaciones de las misiones a Marte suponen innovaciones que repercuten directa o indirectamente en este y otros muchos tipos de estudios en la Tierra, no solo desde el punto de vista científico, sino también en cuanto a comportamiento de instrumentos en condiciones extremas de funcionamiento”, indica a El Ágora Jesús Martínez Frías, jefe del grupo de investigación de Meteoritos y Geociencias Planetarias del CSIC.

¿Podría haber acuíferos en Marte? A juicio del geólogo es una hipótesis plausible pero aún no demostrada. “Si se confirmara los acuíferos serían, en mi opinión, mucho más limitados y mostrando diferencias considerables con respecto a los terrestres”, baraja.

La única fuente en lugares desérticos

En nuestro planeta se calcula que el 30% de toda el agua dulce se encuentra en acuíferos. De la que se emplea para regar, el 43% procede de estas bolsas hídricas subterráneas. El agua situada bajo los desiertos circula a través de un complejo sistema de fracturas del subsuelo que se extienden como una telaraña entre los acuíferos.

“En lugares desérticos o simplemente con pocas precipitaciones y escorrentía superficial pueden ser la única fuente de agua. Es importantísimo localizar, documentar y conocer el estado de este y otros recursos naturales”, asegura a El Ágora Pablo J. González, investigador del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del CSIC.

El científico lidera el proyecto COMPACT para monitorizar los acuíferos de la isla de Tenerife a través del control de las deformaciones superficiales, pues el agua subterránea, al extraerse, provoca que la roca que forma esas cavidades se compacte y que el terreno se hunda. Eso también puede captarse desde un satélite.

“Los métodos de campo requieren de personal e instrumental especializado que puede resultar costoso desplegar en lugares remotos. Una misión de satélite que guíe y optimice los esfuerzos sobre el terreno podría tener gran aplicación”, resalta el científico.

Pero tendremos que esperar unos años hasta que OASIS esté en órbita. Esta primera colaboración entre la NASA y la Fundación Qatar –representada en el proyecto por QEERI y por la Universidad Hamad Bin Khalifa (Qatar)– se encuentra aún en su primera fase y podría lanzarse al espacio dentro de cinco o seis años.

“Deberíamos lanzarla en 2025, alrededor del mínimo solar, que es el mejor momento en el que la ionosfera (la parte más alta de la atmósfera) permite que las ondas de radio lleguen a la superficie de la Tierra con una atenuación mínima del plasma que rodea a nuestro planeta”, detalla Heggy. Un lustro para que el oasis deje de ser un espejismo y se convierta en realidad.

Fuente: elagoradiario.com

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